2 de marzo de 2014

Borsch frío lituano



Esta receta es uno de los trozos que forman el mapa de mi Erasmus. Y es que cuando todo el mundo buscaba destinos cálidos y fiesteros, yo me fui a Letonia. Cuando nos imaginamos los países del norte, no podemos pensar en platos fríos porque se nos congelan hasta las orejas (doy fe de que a menos veinte grados duelen partes del cuerpo que ni sabías que tenías), pero lo cierto es que cuando llega el buen tiempo un plato frío entra tan bien como aquí. 

El borsch es una sopa (o gazpacho) a base de remolacha, muy extendida por toda la zona rusa y que por extensión caló en los menús de los países que pertenecían al bloque soviético. Cada país lo fue moldeando según sus gustos, lo que derivó en muchos tipos de borsch diferentes, tanto calientes como fríos. De todos ellos, a mi el que más me gusta es el que aquí os presento, que se cocina en Lituania y que tuve la suerte de probar en mi visita a Vilnius (una ciudad preciosa que os recomiendo encarecidamente que visitéis). Se suele acompañar con patatas, que se sirven aparte y que cada uno puede luego incorporar a la sopa al gusto. También se le puede añadir un huevo duro completo, metido en el plato en el que vamos a servir. Y es costumbre decorarlo con leche agria, muy extendida por aquellos países pero que yo no he utilizado. Lo que si he utilizado ha sido el kefir, un hongo para la leche que le da un tono agrio y la acaba cuajando si se deja el suficiente tiempo, muy extendido también por aquellos países y que aquí es difícil encontrar a menos que se "cultive" casero. Aprovechando que desde hace un tiempo tenemos el hongo en casa, he utilizado el kefir para la receta, pero sino podéis utilizar yogur natural mezclado con leche. No es lo mismo pero se aproxima bastante. Por cierto que cuando digo que el kefir lo he utilizado para la receta, no me refiero al hongo, sino a la leche que queda tras un día de fermentación con el hongo y que también recibe el mismo nombre. 

INGREDIENTES (para dos, nosotros aprovechamos y guardamos para la cena):


  • Una remolacha grande (si no la encontráis, se puede comprar la que venden ya cocida).
  • Tres vasos de kéfir.
  • Un pepino mediano.
  • Una cucharada de eneldo fresco troceado.
  • Sal.
  • Dos patatas.
  • Dos huevos duros.

PASO A PASO:

  1. Si la remolacha es cocida, sáltate este paso. Si no lo es, lávala bajo el grifo y pélala. Pártela en dados y cúbrela con agua en una olla. Déjala que se cueza; yo utilicé una olla a presión cerrada durante 20 minutos.
  2. Sácala y déjala enfriar, sin tirar el caldo de la cocción por si luego hubiera que utilizarlo.
  3. Lava, pela y parte las patatas en trozos medianos. Ponlas a cocer en una olla durante 20 minutos aproximadamente, la mitad si las haces en una olla a presión. Una vez hechas, ponlas en un plato y reserva.
  4. Pela el pepino y pártelo en trozos pequeños.
  5. Mete el pepino y la remolacha fría en el vaso de la batidora y bate hasta que se forme una mezcla homogénea, sin grumos. Si ves que cuesta mucho que se triture, añade un poco del agua de cocción de la remolacha. 
  6. En un bol, echa el kefir. Añade la mezcla de pepino y remolacha y remueve para que todo se mezcle. Añade el eneldo partido en trozos pequeños y la sal y remueve, rectificando si fuera necesario.
  7. En los platos o cuencos en que lo vayas a servir, echa el huevo duro entero y añade después la sopa. Puedes decorar con leche agria y con el eneldo. Si no la vas a comer al instante, se puede guardar en la nevera sin problemas. 
  8. Sirve junto las patatas y a comer :-)

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