22 de enero de 2015

Gachas de avena


¡¡Hola a tod@s!! ¿Qué tal estáis? Espero que este comienzo de año esté siendo bueno con vosotros. Yo de momento no me puedo quejar. Si os pasa como a mi, que estáis siendo buenos y seguís adelante con los propósitos de año nuevo, hoy os traigo algo que seguro os va a gustar. Son las gachas de avena, ese desayuno tan anglosajón y que parece relegado a una dieta estricta y sin sabor. ¡Aún me acuerdo de los capítulos de Los Simpsons cuando intentan controlarlos desde una secta haciéndoles, entre otras cosas, comer gachas de avena!¡O en el campamento para niños gordos de Krusty donde les obligan a comerlas! Madre mía, sólo de pensarlo me causan rechazo. Por eso, hoy vamos a darle una vuelta de tuerca, a romper mitos y a cuidarnos un poquito, porque esas gachas de avena tan insulsas pueden llegar a convertirse en algo realmente apetecible para desayunar. 

Os lo confieso: si hace cosa de seis meses me hubieran dicho que las gachas de avena iban a convertirse en uno de mis desayunos favoritos para el día a día, no me lo habría creído. "Vamos, ¡ni por asomo!" habría dicho yo. Y sin embargo, la realidad es que estos días, con el frío que hace, este desayuno es mi primera opción casi siempre. Para hacer las gachas de avena, también conocidas con el feo nombre de porridge, sólo hacen falta 10 minutos y un poco de fruta o frutos secos para añadirle. Tan sencillo como eso. Es un desayuno que utilizan mucho en el mundo del fitness, por su alto contenido en proteínas, su contenido en fibra y bajo índice glucémico, las vitaminas del grupo B, su poder saciante... en fin un montón de atributos que podéis leer aquí si os pica la curiosidad. 



El resultado de las gachas de avena es una mezcla semejante a una papilla para niños en lo que a textura se refiere, que está deliciosa con un toque ligeramente dulce, como la miel por ejemplo, aunque cualquier otro endulzante servirá. A mi, personalmente, sólo con el olor cuando sale del cazo al mezclar la bebida vegetal, la avena y la miel... ¡ya me entran ganas de comérmela! A esta mezcla le podéis añadir después cualquier otro alimento que consideréis. En este caso yo le he añadido nueces y arándanos rojos deshidratados, aunque mucha gente le añade plátano (yo no lo incluyo ni en esta ni en otras recetas porque soy intolerante), canela, fresas o manzana y está también riquísimo. 


Animáos de verdad a probar esta receta de desayuno y veréis como pasáis el día más relajad@s, más equilibrad@s y más saciad@s, sin picotear antes de la siguiente comida y sin ansiedad. Y todo ello con unas digestiones ligeras y con un sabor que relaja. Prueba si te gustan más o menos espesas y déjate seducir por este desayuno, ¡seguro que, aunque no te lo crea,s al final se convertirá en uno de tus desayunos preferidos!

INGREDIENTES (para una persona):

Nota: la cantidad de bebida vegetal (leche vegetal) y de avena puede variar, dependiendo de si te gustan más o menos espesas. Añade menos copos de avena al principio y ve añadiendo poco a poco, teniendo en cuenta que espesan a medida que se van cociendo.
  • 175 ml de" leche" de soja o cualquier otra bebida vegetal que os guste. 
  • 4-6 cucharadas de copos de avena integrales ecológicos.
  • Endulzante al gusto: miel, miel de caña, azúcar, xilitol de abedul.
  • Un puñado de nueces.
  • Un puñado de arándanos rojos deshidratados.
  • Cualquier otro ingrediente que os guste: canela, cacao, plátano, fresas, manzana....

PASO A PASO:

  1. En un cazo poner la leche de soja hasta que empiece a humear. 
  2. Añadirle el endulzante y remover hasta que se mezcle completamente.
  3. Añadirle los copos de avena y remover durante 10-15 minutos a fuego medio, para evitar que se pegue y que se formen grumos.
  4. Remover hasta que quede tan espeso como deseemos (tener en cuenta que al ir enfriándose espesará un poco).
  5. Apartar y añadir los ingredientes que deseemos por encima.
  6. Comer templado. 

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